Capitulo 7.- Mis zapatillas son mejores que las tuyas (Basado en una historia real)

Estábamos en los 80, un invierno frió y a mi primo pijo se le antojaron unas Reebok the pump de esas que se inflan y andas solo debe ser, el tío se las pidió a los reyes, como si a los reyes se les podría pedir algo, van y se las traen.
En las tardes oscuras de invierno se le ocurre pasar por mi barrio, un sitio de gente elegante a la par que discreta con sus flamantes zapatillas nuevas cuando aun no se vendían ni en España, esa gran nación.
Al día siguiente me llama mi abuela para decirme que si podía darme una vuelta por el barrio a ver si encontraba a quien le había levantado las zapatillas “al primo” y le había hecho ir descalzo hasta la urbanización donde vive. No le dejaron ni para un taxi, mala gente…
Estas cosas pasan por llevar zapatillas de veinte mil pelas, es lo que pensé yo, hablo en pelas porque en los ochenta no existían los euros, tampoco nos pongamos tiquismiquis.
Moraleja: si las zapatillas valían como la comida para una semana de una familia, lo cual me parece una vergüenza, que le jodan al “primo” de mi primo y con esto no me refiero a mi.

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